Dedicado al coronavirus. ''Desde mi trinchera'' Día 1

16.03.2020 17:53

 

Desde mi trinchera

 

  Dia 1

16/03 

 

 

No es verdad que todas las horas sean iguales: todas tienen 60 minutos, sí, y cada minuto tiene 60 segundos, también; pero los minutos y los segundos no son todos iguales. Hay minutos rápidos e intensos como el suspiro de una enamorada, y minutos lentos e interminables, como la espera en una puerta de quirófano o la antesala a un examen de oposición.

Yo, en general, siempre había vivido minutos rápidos, horas fugaces, días felices, trepidantes, dejándome llevar por un reloj acelerado y nervioso que se ha comido mis 66 años como si fueran chucherías en un asiento del cine; pero ahora he empezado a vivir las horas lentas, los días eternos, las noches interminables, y me cuesta acostumbrarme.

Desde el inmenso cosmos nos ha llegado una criatura microscópica que no tiene otro mérito o valor que saber replicarse continuamente chupándonos la sangre como si fuera un Drácula en miniatura, y cuando los humanos ya nos creíamos que estábamos jugando la liga de los dioses, cuando ya tocábamos con nuestros dedos la aventura espacial porque la tierra se nos había quedado pequeña, llega este bicho que parece una bomba submarina para intentar quemarnos las alas y rebajar nuestro sitio en la naturaleza, para recordarnos que somos débiles y frágiles por muchas obras de arte, inventos y pirámides que hagamos. Ese bicho minúsculo y patético nos ha lanzado un golpe que nos ha dejado tocados, como esos boxeadores sonados que se agarran al otro en el ring para no caer, porque además este minúsculo fantoche con aires de ángel exterminador con ventosas viene acompañado un subalterno tan letal como él; viene acompañado de un agente propagandista que hace parecer a un renacuajo patético y oportunista, un dragón aterrador; me estoy refiriendo al factor del miedo. Se trata de un virus auxiliar sin el cual el otro, el biológico, quedaría reducido a lo que realmente es: un problema sanitario de gran dimensión.

Y lo que nos dicen es que tenemos que escondernos para que no nos pille el monstruo, como si estuviéramos jugando a un escondite macabro, y nos ordenan que no salgamos, que esa Tierra que antaño era nuestra, ahora, durante un tiempo indefinido, pasa a ser territorio del virus redondo, que parece ser que acecha por todas partes, en todas las manos, en todos los labios, en todas las toses, en todos los picaportes y barandillas…, y nos retiramos, huraños, desconcertados y asustados  a nuestras madrigueras doradas pertrechados de alimentos y artilugios de defensa, listos para resistir el asedio del dragón minúsculo como Viena resistió a los otomanos.

Y las horas se detienen, e incluso parece que van hacia atrás y que los últimos 6 días en realidad han sido 6 años, o 6 siglos, y la peste ha vuelto de Asia, de donde solía, y toda nuestra orgullosa ciencia y saber y todos nuestros gobernantes balbucean proclamas y planes cambiantes mientras intentan recuperar la iniciativa.

Pero el ser humano, ahora, igual que entonces, cuando las pestes, cuando los cóleras, cuando las otras gripes tan mortíferas, también tiene una inteligencia colectiva, unos valores sociales, una fuerza agregada que va más allá de la suma de las inteligencias, de los valores, de las fuerzas individuales: la fuerza de la unión, que cuando surge y se organiza destroza dragones y microbios como si fueran espantajos de una pesadilla. Y esa fuerza oculta, misteriosa, esa fuerza que ha hecho del ser humano lo que es, está empezando a emerger, a rugir por dentro, o organizarse, a prepararse; esa fuerza ya está en marcha, a trompicones, sí, con fallos, sí, con daños en nuestro bando, sí, con buenos o malos gobernantes, sí, pro en marcha. Esa inteligencia, esa fuerza humana que agrupa por igual a gente de todas las razas, a mujeres y a hombres, viste de verde y blanco en los hospitales; de azul, verde y marrón en los uniformes de los defensores del pueblo que patrullan las calles; de blanco en las batas de los científicos que trabajan sin descanso en los laboratorios; se viste de todos los colores en los servidores de los supermercados, farmacias, gasolineras, comercios de primera necesidad, transportistas, obreros, agricultores, funcionarios, trabajadores anónimos que mantienen el pulso de sus empresas desde casa con el teletrabajo o presencialmente, y se asoma a los balcones de las casas al llegar la noche para decir: ¡Aquí estamos bestia inmunda. No nos vas a ganar porque estamos unidos y tenemos héroes luchando por nosotros, héroes que te cortaran la cabeza y te tirarán a la basura! La humanidad se ha puesto en marcha y a pesar del precio que haya que pagar va a derrotar al monstruo replicante, pero para eso primero debemos derrotar a su aparato de propaganda: al miedo. Rompamos la correa de transmisión del miedo, y eso no se hace con alcohol puro o geles milagrosos y mucho menos con mascarillas y guantes: se hace con realismo y con valor, con responsabilidad y entrega, con civismo y energía. Dándole importancia al monstruo, sí, pero nada más.  

En breve, en un suspiro de tiempo en magnitudes cósmicas, esa inmensa fuerza humana hará que la pesadilla desaparezca y las horas vuelvan a ser de 60 minutos reales, y las ciudades vuelvan a palpitar y a vivir, y las empresas vuelvan a funcionar y los niños vuelvan a jugar en los parques y los enamorados vuelvan a devorarse a besos y a abrazos, y los ancianos puedan morirse cuando les llegue la hora acompañados de los suyos sosteniéndoles la mano. Como debe ser.

Y en breve yo podré volver a abrazar a mis nietos y dejar que se me suban encima y podré volver a escuchar conciertos y ver a mi equipo favorito perder ligas, y jugar al dominó con mis amigos y volver a mi pueblo de la sierra y pasear sin miedo y tomar cervezas en los bares de la plaza. Y en breve yo podré escribir de otra cosa que no sea de microbios patéticos que se disfrazan de dragones infernales para asustarnos.

Juntos lo conseguiremos.   

 

José Manuel Sánchez Chapela

 

  

Tema: Dedicado al coronavirus. ''Desde mi trinchera''

Fecha: 17.03.2020

Autor: Bicho

Asunto: Miedo

Precioso , quizás nos hacia falta aprender a ser humildes , y llega un vichiillode nada y se carga media humanidad

Fecha: 21.03.2020

Autor: Jose Manuel

Asunto: Re: Miedo

Gracias, amigo/a
Esperemos que no haya que llegar a eso.
Un saludo

Fecha: 17.03.2020

Autor: Pepe Carnero

Asunto: Miedo

Excelente reflexión. Gracias.

Fecha: 16.03.2020

Autor: Florian

Asunto: Miedo.

Jose Manuel, me ha encantado tu mensaje. Poco a poco, según vas leyendo, te das cuenta que, con el miedo no hay que tener ninguna relación y si, hacer las cosas con cabeza, generosidad y respeto. Por eso, pronto, nos tomaremos unas cervecitas.
Gracias por decirnos cosas bonitas, tranquilizantes y verdaderas.

Fecha: 16.03.2020

Autor: José a grande

Asunto: Re: Miedo.

Magnifico querido amigo, tu pluma me da alegría y ganas de luchar. Gracias

Fecha: 16.03.2020

Autor: Joe Manuel

Asunto: Re: Miedo.

Un abrazo, amigo.
Cuidaos mucho. Pronto nos vemos.

Fecha: 16.03.2020

Autor: Juliana

Asunto: Bicho

Magnífico, nos ha hecho este bicho vibrar el corazón con latido antiguo para restablecer nos espero, más evolucionados.

Fecha: 16.03.2020

Autor: Jose Manuel

Asunto: Re: Bicho

Un abrazo, maestra.
No vemos pronto (más evolucionamos, como bien dices) en la piscina.
Cuidate mucho. Eres insustituble.

Fecha: 16.03.2020

Autor: Marosa

Asunto: Atrincherada

Muy bonito José Manuel!!
Ojalá pronto terminen los miedos, y se acabe esta guerra contra un enemigo invisible que promete vencernos. Pequeño y feo.
No le vamos a dar cuartel.
Mientras, vamos a soñar, con nuestros proyectos aparcados, con nuestros amores que solamente vemos a través de una pantalla, con que todo esto termine, por favor, sin más muertos.
Mi admiración a todos nuestros héroes que están ahí salvándonos y facilitándonos el poder seguir.
Con todos, con fe y con fuerza!!

Fecha: 16.03.2020

Autor: Jose Manuel

Asunto: Re: Atrincherada

Así será, amiga y vecina.
Resurgiremos más fuertes e íntegros, y valorando mucho más lo que tenemos,
Un abrazo para todos. Cuidaos mucho.

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